Pupitres con historia

Este es un mobiliario que se utilizado constantemente en la aulas de clase, pero de los que muy pocas veces nos preguntamos su origen, pues tras haberse convertido en algo que usamos cotidianamente, parecería que eta pregunta sobre. Sin embargo, en Industrias Cruz consideramos que la historia que hay detrás de cada uno de los mobiliarios que fabricamos, tiene una gran incidencia en los tiempos modernos, por ello los pupitres no pueden ser la excepción.

Para comenzar debemos hablar de que las escuelas en la antigüedad no contaban con los mismos modelos educativos que tenemos hoy en día, pues en aquella época era mucho más limitados y las necesidades primordiales no eran cubiertas, tanto las de los maestros como la de los estudiantes. Los alumnos en aquel tiempo debían sentarse en bancos muy largo y poco cómodos fabricados en madera sin un respaldo para la espalda, que por lo general iba justo contra la pared. Cabe mencionar que estos no tenía una mesa o escritorio por lo que los niños luchaban por escribir sobre su regazo sin cometer ningún error.

Estos no fueron inventados como tal sino hasta el año de 1880, pues como mencionábamos la situación antes era diferente y mucho más precaria, por lo que la mayoría de los niños no podían asistir a clases, pues no había ninguna regla que hiciera indispensable que los infantes fueran obligatoriamente al colegio. En esta época muchos de ellos trabajaban en las factorías o ayudaban a sus padres en casa.  Quienes sí recibían algo de educación, debían tomar sus calases en mobiliarios poco adecuados para su anatomía, porque además de los anteriores, existían otros con tamaños de adultos.

El primer modelo que conocimos fue el que realizó John D. Loughlin en la fecha mencionada anteriormente, en Sídney, Ohio. Estos pupitres fueron llamados en el momento como “The Fashion Desk” y resultaron ser muy populares a lo largo de todo el país. Su utilidad les posibilitaba a muchos estar juntos en una sola habitación de la escuela, pero en el aspecto estético era mucho más agradable para los que estaban en ese momento en las Instituciones educativas.

La campaña publicitaria que se desplegó para estos modelos contribuyó en gran parte a la venta de este mobiliario, que eventualmente extendió su uso por toda la nación. Estos “Fashion Desk” eran muebles que se fijaban unos a otros, siendo lo suficientemente grandes como para alojar a dos o tres niños por mesa. En este mobiliario se coloca un pequeño espacio llamado tintero, para que los niños pudieran cargar de nuevo sus plumas estilográficas y continuar escribiendo.

Este pupitre de Loughlin  duró muchos años para ser reemplazado por una nueva generación de muebles,  pero a medida que pasaron los años y creció la demanda de niños por asistir a clases, así como la posibilidad de guardar papeles o trabajos y tener un espacio muchos más adecuado para sus labores diarias, fueron cambiando este diseño convencional y antiguo por uno que pudiera acomodar a los pequeños cubriendo todas sus necesidades. Es entonces cuando aparecen los modelos con una especie de armarios de poco tamaño ubicados bajo el asiento donde se pudieran guardar los libros y demás útiles escolares.

Algunos de estos pupitres se diseñaron con una superficie que se elevaba para que los estudiantes guardaran cualquier tipo de suministro en el interior. En su mayoría, estos muebles se fabricaron en la confiable madera, uno de los materiales más resistentes y fáciles de conseguir en ese momento. Para culminar este periodo se fabricaron muebles que podían doblarse y moverse de considerarse necesario. Adicionalmente este tipo de mobiliario contribuyó a ganar terreno para que la educación fuera impartida obligatoriamente para todos los niños que eran menores de 16 años, incrementando la población estudiantil en cada una de las instituciones.

Pero los cambios en la sociedad y el paso del tiempo, fueron creando nuevos desafíos para la industria fabricante de pupitres, pues se necesitaba empezar a conservar la madera, evitando la excesiva tala de árboles, además que todo el tema de conservación ambiental estaba de moda.  A partir de 1960 y la década siguiente, este mobiliario se fabricó completamente con materiales metálicos, pero más que anda eran utilizados por los más grandes que asistían a clases de secundaria.

Algunos de ellos se sujetaban a unas sillas plegables, mientras que otros tenían asientos fijos. La mayoría de estos muebles contaban con un espacio de almacenaje que se ubicaba debajo de las sillas para mayor comodidad, algo que todavía conservan algunos modelos actuales. A pesar de que había variaciones, casi todos los diseños mantenían la idea original de Loughlin, conservaban la silla con un bloc sujeto a este, pero con espacios y materiales diferentes.

Pero aun así con todos los cambios que pudieran haberse implementado a estos nuevos modelos, seguían apareciendo constantes preocupaciones por parte de los padres de los niños quienes aseguraban que no eran lo suficientemente seguros pues se lesionaban fácilmente al cerrar las tapas que se elevaban. Por ello en los modelos actuales, que vemos hoy en día, esto no es tan frecuente como antes, pues los pupitres de ahora vienen con un cajón debajo del escritorio, un pecio seguro para almacenar sus útiles o se colocan deban de los asientos como se mencionaba antes.

Además no fue sino hace casi un siglo que se comenzó a utilizar el término de la ergonomía para la fabricación de mobiliario para colegios, por lo que se tomaron en cuenta las necesidades físicas de los estudiantes, su peso, tamaño y proporción para que fueran mucho más funcionales y cómodos.

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